Reseña
Este es el libro de mesita de noche de este librero muscarínico. Publicado en 1989, cuando Jünger contaba con 95 años de edad, supone uno de los últimos escritos del autor, considerado uno de los testimonios más lúcidos del siglo XX.
Redactado en forma de pequeñas notas o pensamientos, casi a modo de diarios pero conservando un hilo temático que entrelaza cada uno de los apartados, el libro se compone de dos partes; la primera, enfocada al arte, a la labor de la persona creadora, a consideraciones sobre del éxtasis y sobre el mito. La segunda, más centrada en el tránsito entre los siglos XIX, XX y XXI, al tránsito de la muerte, a retomar la dialéctica helenística entre dioses y titanes (de aquí su consideración de que vivimos en un tiempo sin dioses -o mejor dicho, en el que los dioses están 'de vacaciones'-), a la impactante irrupción de la técnica y su empleo sin precedentes de recursos energéticos, a la amenaza de catástrofe ecológica y a la reconsideración del tiempo cíclico, en contraposición a la progresista concepción lineal del mismo.
En definitiva, un libro que hunde sus raíces en el pensamiento mítico, y que da una articulación interesante al increíble y trepidante 'tiempo' en el que vivimos, a la secularización de la cultura, a la conquista prometeica de facilidades y comodidades que por otra parte amenazan la vida en el planeta, y también, como no, a la enervante situación de las drogas en estas últimas décadas.
Para algunos el estilo del autor puede parecer críptico, si bien una lectura paciente de sus libros arrojaría como más acertado el adjetivo de 'textos oraculares', como los definía uno de los lectores muscarínicos.
Fragmentos:
«Tal como veía Nietzche las cosas, a partir del Renacimiento la moral había ido quedándose retrasada con respecto al desarrollo de los procesos; se imponía una transvaloración. Hoy más bien parece que habría que frenar el desarrollo -el único problema es si esto resulta posible en un momento en el que las ruedas están llegando al rojo vivo.»
«De los cuatro elementos se han vuelto sospechosos el agua, el aire y la tierra; el fuego acrecienta su poder»
«Lo mismo que a Dionisio, también hoy se concibe a Plutón como un titán y se lo venera de forma titánica.»
«A día cada que pasa parecen más insolubles, al menos vistos desde la perspectiva humana, problemas como el de la contaminación, el de la droga, el de la superpoblación, con los fenómenos marginales que los acompañan, así como la criminalidad y el terrorismo. Es manifiesto que hemos exagerado, y ello también éticamente, el valor del progreso. De ahí, asimismo, esa vuelta de los sistemas lineales a los cíclicos; lo que a estos últimos les corresponde en el mito es el titanismo con su eterno retorno.»
«Cabe suponer más bien que a veces lo divino sopla de lejos -no desde lo eterno, sino desde lo intemporal-, germina y florece. Esto correspondería a la concepción de Spengler, según la cual las culturas son traídas como semillas y echan raíces en un determinado sitio para alcanzar así un despliegue más elevado, sobre todo en el arte.»
«Cuando las iglesias son demolidas, no por ello desaparecen las necesidades que ellas satisfacían; al contrario, se hacen aun más fuertes.»
«Una idea que va asociada a la angustia mundial es la de que los problemas son insolubles. Quedarán solucionados cuando encajen bien los hechos que están en su base y surja así una estructura nueva, un sistema nuevo. A menudo esto resulta sorprendente, y a la gente le gusta calificarlo de 'providencial'»
«Asimismo son tardíos los cultos. La veneración originaria es existencia: agradecimiento mediante un ser que palpita. Más tardío aún es el error que dice que puede prescindirse de los cultos –tal error constituye un pase libre para Leviatán. Esto, en el tiempo. Dum spiro, spero –de ahí que en la Ciudad Eterna no haya templos.»
«En los sitios donde se desmoronan imágenes es menester que vengan otras imágenes a sustituirlas; se corre el peligro de que haya pérdidas si no acontece esto.»
«Más esperanzador resulta que las ciencias particulares avancen hacia imágenes que son capaces de una interpretación teológica, sobretodo la Astronomía, la Física y la Biología.»
«El camino por el laberinto no conduce a verdades nuevas -lleva a lo sumo a a parábolas nuevas. En el valle oscuro no luce el Sol, pero en ocasiones brilla un arrebol matutino. También los dioses son parábolas.»
«Entretanto hemos llegado a una etapa del camino en la que también la física nos ofrece parábolas. Esto está relacionado con el hecho de que ella, la física, va introduciéndose en el hueco dejado por la retirada de los dioses. Puede alardear de que logra cosas que sobrepasan todo lo que en otros tiempos se tuvo por milagro. Conviene señalar desde luego que también los milagros de la Biblia son únicamente parábolas, es decir, más que puros hechos.»
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